En esta unidad perseguimos un objetivo ambicioso: comenzar un proceso relevante para nuestra
sociedad, el transitar hacia una nueva cultura vial. Una nueva cultura basada en el respeto a la
vida propia y de los demás.
Por ello, hemos reconocido los grandes retos que enfrenta el país en su sistema vial, para que
podamos comprender la función de cada uno de nosotros para mejorarlo.
Costa Rica es un país pequeño en distancias, pero el desorden urbanístico, la incapacidad de
sus gobernantes y los intereses particulares de sectores económicos no han posibilitado que el
transporte público sea un servicio de calidad; por ende, es fundamental la utilización de
automóvil en muchos sectores de la población. Esto multiplicó la cantidad de tránsito y los
problemas que de allí se derivan.
Nos hallamos ante un problema de seguridad vial que se traduce en la lamentable pérdida de
seres humanos todos los días. El miedo a la muerte en carretera es tal, que muchas personas
salen de sus hogares sin la certeza de que regresarán.
Sin embargo, la educación vial se encuentra con un difícil panorama, por cuanto la violencia
social de la carretera es un reflejo el resto de los espacios sociales. Inculcar valores para
conseguir cambiar actitudes requiere más inversión y tiempo que el Estado no está dispuesto a
dar, iniciando desde la niñez, en el seno mismo del hogar.
La principal fortaleza que poseemos los ciudadanos para cambiar y mejorar nuestra cultura
vial es la educación y, entonces, Educación Cívica es la asignatura que posibilitaría tal
cambio. Es un proceso largo, que requiere, además, valores que resultan fundamentales: el
respeto, la tolerancia, la responsabilidad, la justicia y la solidaridad, entre otros. Este es
nuestro compromiso como ciudadanos y estudiantes.
En esta segunda unidad, hemos analizados las características más importantes de la cultura
vial en nuestro país; y a partir de reconocer estas características, hicimos una revisión de
algunas de las dificultades actuales de nuestro sistema vial. Gracias a ello, reflexionamos acerca
de las formas que existen para resolver estas dificultades y comprendemos con satisfacción que
sí es posible.
Hicimos un reconocimiento de los principios y las normas que regulan la seguridad vial en
Costa Rica, especialmente lo referente a la Ley de Tránsito por Vías Públicas y Terrestres n.º
9078. Es posible, pues, conocer nuestras responsabilidades ciudadanas este tema y reflexionar
sobre lo que requiere y puede ser mejorado.
Valoramos las características propias del sistema vial de nuestro país y hemos logrado
abordar algunos de los retos más importantes que enfrenta. Establecimos que el problema de
la seguridad vial en Costa Rica es multifactorial. Tienen relación con una infraestructura vial
en mal estado y colapsada, sobre todo, con una cultura vial que no ha sido capaz de mejorar
prácticas y actitudes de las nuevas generaciones ni de las anteriores. Además, es necesario
comprender que los accidentes de tránsito poseen consecuencias que afectan a la sociedad en
general, y no solamente quienes pierden vidas y recursos materiales. Las familias afectadas y
los sistemas de salud colapsados dan fe de que el problema va más allá. Se debe construir
una nueva cultura vial en nuestro país, dar mayor participación a los ciudadanos para que
comprendan la dimensión del problema que se enfrenta y cómo la solución está es sus
propias manos. Desarrollar una cultura de paz en carretera, se logra por medio de valores
como el respeto a la vida, la tolerancia, la empatía y la responsabilidad, los cuales son
transmitidos desde la familia, la comunidad y por medio de la educación.